Bigott sacude la Sala X con un show sorprendente

Fotografías por Ana Zanoletty

Aunque sea inusual decirlo (y más empezar un artículo así) Bigott es una gran persona, un ser desenvuelto y está libre de ataduras, pero es que este es el ADN de su creación músical; inteligente, constante y heterogénea. Así quedó demostrado en su actuación en la Sala X el viernes 27 de abril. El fenómeno Bigott es digno de analizar; antes del concierto, sonó por los altavoces “Into Your Arms” de The Lemonheads, y uno pudo pensar que este es el rollo, y sacar como conclusión que a Evan Dando le gustaría haber compuesto más de un tema de este rollo. Pero es que además, no se queda en este estilo, aunque más de uno lo asociamos a este. Mr. Bigott, este zaragozano de oro, hace giros que van desde temas como “Pavement Tree” a Cannibal Dinner. A temas como este segundo se acerca su look libérrimo que quizá confundiera a más de uno de los que se presentó allí. El abanico sonoro de Bigott se mueve entre la delicadeza y belleza acústica a la fiesta de fin de semana, cubierto por palabras menos aliterativas de lo que uno piensa.

Está claro que Bigott ni compone cualquier canción ni se repite, y en el escenario nos volvió a demostrar que sus canciones cobran nueva vida. Y todo ello sentado (no siempre) a causa de una lesión reciente. Bigott brilló, aunque no es difícil imaginar que a algunos neófitos les sorprendiera la tranquilidad y el pathos profundo de cierto número de temas de su repertorio. El artista comenzó la actuación en esta senda con “She’s my Man” y “Happy Flan”, moviéndose a terrenos más movidos con “Apple Girl” para luego adentrarse en el pop delicado de “Will Anything Happen” y “Coming Soon”. Como apuntábamos antes, más de uno se sentiría confundido con el devenir del recital teniendo en cuenta que las canciones salen de álbumes con títulos como That Sentimental Sandwich (2006) o The Orinal Soundtrack (2011), o que en la portada de su último trabajo que nos presentaba en Sevilla aquella noche, Candy Valley (2018), salgan Epi, Blas y el Monstruo de las Galletas ataviados a la moda de Star Wars. Eso por no hablar de la indumentaria de nuestro artista de la noche; confusión y regocijo musical a la par. El repertorio se estaba centrando en My Friends are Dead hasta el momento, y  hacia la mitad del concierto, mucho del gran Pavement Tree, como por ejemplo “We Make Sense” y “Baby Lemonade”, con la impagable intervención a la voz de la bajista Clara Carnicer. Más tarde tuvimos la oportunidad de preguntarle por qué tomó prestado el título del segundo álbum (y canción) de Syd Barrett, a lo que respondió con un amable “porque me gustaba”. Y con esto, es más que suficiente, en realidad.

De los momentos más intimistas y hermosos, “Stranger Eyes”, de, por fin, Candy Valley. En aparente misma línea en un principio, el Funky controlado de “Moving on” y la arrebatadora “Pavement Tree”. Parece increíble que el mismo compositor, intérprete y guitarrista de esta canción, es el que lanzó al público más adelante “Cannibal Dinner” que contentó a la parte del público que iba más por el movimiento exterior que interior, así que lo mismo sentirían con la siguiente, la pequeña “Strangers by the Wall”, y prácticamente, las siguientes, mención especial, podría ser, a su single “Don’t Stop the Dance”, título que esconde un Funky sin miramientos y sin vergüenza alguna.

El eclecticismo de Bigott plasmado en sus canciones también se notó con su presencia en el escenario. Y entre canción y canción, nos donó una serie de microdiscursos centrados en el amor, la libertad y la paz, sin dar la brasa y sin cortar el flujo del recital, recibiendo risas y sonrisas. Quizá estas palabras no llegaron a cierta parte del público hasta que coronara hablando de una canción que decía haberla copiado de alguien sin querer, y que eso no estaba bien, “porque todo hay que hacerlo… queriendo”, mientras sonreía. Esto le dio sentido a todo. Anécdotas (o no) a un lado, la banda sonó compacta y delicada y potente cuando lo tuvo que ser.

Sin poner mucha atención a la entrevista que nos concedió, está claro que no se sabe hacia dónde va Bigott, y esto lo hace todo más excitante, y eso es lo que nos debería gustar, como poco, de vez en cuando. Para otros, es necesario cada día.

Bigott en Sala X

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