Andrés Calamaro: nueva cosecha de canciones y un solo paracaídas

Había que tener suerte, ser ágil y andar avispado para salir de un concierto sin recibir palos de la policía. Cada día había desapariciones, hombres y mujeres a los que no se les volvía a ver jamás. La dictadura militar de Videla. Argentina había ganado hace apenas un mes, en el Monumental de Buenos Aires, su primera copa mundial de fútbol, de la que además había sido anfitrión. Millones de personas pusieron sus ojos en la pelota aquel verano de 1978. Los ojos de la generación que creció entre la paranoia y el dolor, como canta Andrés Calamaro en Crímenes Perfectos. En esa Argentina de 1978, Calamaro estaba cumpliendo sus diecisiete años encerrado por primera vez en un estudio de grabación. Beto Satragni había reclutado, por recomendación de Sergio Makaroff, al joven Andrés para ser teclista de Raíces, banda de candombe y fusión rockera uruguayo-argentina.

Cuarenta años de canciones y grabaciones pasaron desde entonces. De paracaídas y vueltas. De las cincuenta maneras de grabar un disco, Calamaro tuvo tiempo de sumergirse en muchas de ellas. Incluso de hacerlo a contracorriente o pasar cinco años ajeno al mundo y a sí mismo. Cuarenta años dieron para mucho. Calamaro se convirtió en el gran tótem del rock hispano, la gran referencia. Tanto que es imposible comparar su repertorio con el de nadie más. Sus discos solo se pueden medir con sus propios discos. Cualquiera de sus enormes discos “menores” habría servido para elevarle a lo más alto de la jerarquía del rock sin la necesidad de sus trabajos más celebrados. Porque sólo son “menores” porque el argentino vivió una década artística de repertorio insuperable: los años de Los Rodríguez y la trilogía Alta Suciedad, Honestidad Brutal, El Salmón. Grabaciones que pusieron su nombre y sus canciones a los ojos de la eternidad.

De esas cincuenta maneras de grabar un disco, esta vez eligió una que recuerda a la de Alta Suciedad para su nuevo disco, Cargar la Suerte. Para renovar sus credenciales de lujo de cantante, autor de canciones y músico de rock. La crema de músicos californiana reunidos en un Burbank (Los Ángeles) por el productor Gustavo Borner para lograr una de las mejores grabaciones del argentino. Y él lo sabe: ¿Es mucho decir mi mejor disco en cuarenta años? Porque está ese Alta Suciedad en el medio, ¿no? Pero, en muchos sentidos, esta es mi mejor grabación en cuarenta años.

 

8pistas: ¿Sigue escribiendo canciones con el mismo espíritu del capitán Ahab persiguiendo a Moby Dick?

Andrés Calamaro: Esa ballena ya no es blanca. Como capitán, escucho las ideas de mis contramaestres y confío en mis arpones. Pero no siento la necesidad imperiosa de terminar en el fondo del mar… Ahora mismo no tengo “sistema”, entonces escribo versos y coplas.

Tras cuarenta años de grabaciones. ¿Tiemblan las piernas los días anteriores a la publicación de un nuevo disco?

Hace cuarenta años me temblaban las piernas en el estudio de grabaciones. Ahora espero incrédulo la liberación de un disco, aunque no termino de entender en qué consiste el éxito de un álbum hoy en día… No me tiemblan las piernas pero se ha puesto a llover copiosamente.

Cargar la suerte es entrar al toro, ponerle el cuerpo, torear bien de cerca. En nuestras vidas podría interpretarse como un acto de valentía, asumir riesgos sin medir consecuencias, una forma de hacer las cosas que se está perdiendo. ¿Es el título una declaración de intenciones de su forma de vida y su relación con las canciones?

Prefiero abarcar menos y apretar más. Pero hay algo de cierto en eso; grabamos el disco respetando la vieja escuela litúrgica de grabar disco, pensamos en un repertorio de doce canciones para dos caras de un álbum. Todos asumimos riesgos sin asumir las consecuencias, no se necesita del valiente para eso… ni temerario. En mi declaración contemplo mi forma de pensar y escuchar los discos… El disco objeto, que escuchamos con reverencia. Que existe. Me define la música que escucho.

 El single de Cargar la Suerte, esa cosa complicada de definir más allá de cómo el adelanto de un disco nuevo, ha sido Verdades Afiladas, un rock de toque californiano y de corte calamariano con métrica y aire de ranchera. ¿Existen otro tipo de verdades que no sean afiladas?

No me gusta el sistema del “single”, la canción que se despega del disco para anticipar reacciones. Preferiría liberar el disco todo junto, anunciarlo una semana antes… o un día antes. Y salir con toda la carne en la parrilla. En cuanto a las verdades, casi todas son afiladas y algunas hacen más daño que otras; la verdad (entre comillas) es apenas una palabra, hablamos de “la verdad” como si existiera una sola y ese es el punto: distinguir si existe una única y verdadera verdad quizás no sea demasiado importante. No sé mentir, es una verdad que entiendo. Tampoco la única.

 En varias canciones (Tránsito Lento, Cuarteles de Invierno, Egoístas…) sobrevuelan ciertos rasgos característicos de la vida del cantante: una vida ambulante de traslados constantes, fragilidad, esperas interminables… la soledad y la deriva. ¿Está, en cierto modo, el artista de canciones condenado a la soledad por su vida nómada e intensa (condiciones inherentes en su profesión)?

Es posible. He vivido relaciones largas y formidables, que añoro un poco. Pero ahora no tengo ni un perro que me ladre y me resulta interesante… La soledad resultó cómoda como un pantalón viejo. Ser un solitario, como ser ateo, es algo que hay que demostrar, no será suficiente con decirlo.

¿Qué Argentina acabó encontrándose en sus últimos Cuarteles de Invierno?

Buena pregunta. En Argentina, seis meses puede ser demasiado tiempo. En seis meses se mueve el piso sin necesidad de terremotos. Lo suficiente como para complicar la vida a los trabajadores, al pueblo. Por lo general, un año en Argentina es como un exigente combate de boxeo. Llegamos a los últimos rounds casi sin poder respirar, ya ni sentimos el dolor de los golpes pero estamos golpeados. Últimamente, parece inevitable encontrarse una Argentina diferente después de viajar unos pocos meses… La misma pero distinta. Más complicada. Una vida diferente cada día.

My Mafia es una canción de lealtad, de amistad y delincuencia. En su estribillo dice Cuando ladra la moral en modal inquisición, me corresponde cantar a la libertad. ¿Cuáles son, en estos tiempos, las nuevas formas de inquisición?

Ahora que estamos perfectamente conectados, estamos divididos. Los cambios culturales y comunicacionales de los últimos diez años desencadenaron una serie de reflejos, uno de los cuales es “buscar culpables”. Los razonamientos no son intelectuales, ni siquiera contemplan un cálculo estadístico ni jurídico. Tampoco hace falta porque la información es personalizada. Cuando demasiada gente dice exactamente lo mismo, es que nadie está pensando lo que dice.

¿Y le corresponde al músico de rock cantar para cambiar el mundo o aquello se quedó en el anhelo de esa generación del siglo pasado que creía que el mundo se podía cambiar?

En el siglo pasado creíamos que las cosas no podían cambiar demasiado… Con excepción de unos meses durante 1968. El siglo pasado es el siglo de las guerras y las post guerras. Del nuevo orden mundial. Ahora existen generaciones que quieren cambiar también… Quieren cambiar la leche de vaca por la leche de almendras. El mundo se podía cambiar, pero otros lo cambiaron primero. Por lo visto era un buen negocio.

Su amor por el mundo del toro se cuela a menudo en su repertorio desde hace años. El instrumental de A los toros de lata, El tercio de los sueños, Media Verónica, referencias en muchas otras canciones como 5 minutos más, Inexplicable…. Como en este título, Cargar la Suerte, el español está lleno de expresiones taurinas que todos usamos cotidianamente: ponerse bravo, tirarse al ruedo, cambiar de tercio, estar al quite… ¿Cuánto falta para que los nuevos moralistas radicales del lenguaje vengan a criticar las expresiones de la tauromaquia que están totalmente integradas en el habla del pueblo y que enriquecen tanto este idioma?

Creo que los intelectuales están advertidos sobre la importancia de la tauromaquia intacta. Estadísticamente, el toreo, es inopinable. Mire usted; en un país agrícola y ganadero se sacrifican entre seis mil y sesenta mil vacunos por día. En una tarde de toros, mueren seis toros. Además, mueren en cinco minutos y pueden defenderse. Si abrimos los ojos sabríamos que el sacrificio del toro no es más cruel que la vida. El hambre es el asesinato.

Las Rimas es un rap valiente y confesional sobre una base de balada rock con una letra tremendamente emocionante que abarca desde episodios biográficos, el paso de los años reflejado ante el espejo, la soledad… hasta crónica social argentina o la recomendación de no tener hijos, cierta crítica a la familia. Aunque curiosamente, uno de los primeros versos dice Honramos la memoria de nuestro padre, que suena especialmente emocionante teniendo en cuenta que este es el primer disco que publica tras la pérdida de su padre, el intelectual argentino, Eduardo Calamaro.

Pues sí… Las Rimas es todo eso. Viene a desmontar cierta mala reputación que tiene esta forma de escribir canciones rimando. Se dice de las rimas que clausuran cualquier opción poética, algo que a mí se me antoja demasiado exigente. Justamente, una serie de rimas deliberadas y sostenidas de cuatro en cuatro, ofrecen más verdad, y más transparente. La música de las canciones también es texto.

 Incluso, también se puede decir que hay cierta presencia en el disco de su raíz materna, porque cuando le puso el disco a su madre, ella le recomendó situar el tema Voy a volver, una canción de vida y raíces, como la última canción, cerrando Cargar la Suerte ¿no es cierto?

Estoy echando raíces en los aeropuertos… a pesar de los aeropuertos.

Mi ranchera es una balada oscura y épica con reminiscencias Beatles, una de esas  canciones que tiene sangre, Blood On The Tracks que diría Bob Dylan. ¿Son más duras las despedidas, el hecho de no tener siquiera una despedida o… un balazo?

Nunca me gustaron las despedidas y tenía razón. Pero hay diferentes especies de despedidas, claro está. En los términos de “Mi Ranchera”, la despedida se presenta sin anestesia. En la huida hacia adelante no tomamos prisioneros.

La mayoría de las canciones de Cargar la Suerte están escritas en primera persona.  ¿A qué se debe el especial efecto (de identificación) que el oyente logra tener con las canciones escritas en primera persona y que es más difícil de alcanzar en otras formatos de arte (un cuadro, una película…)?

Dicen que las canciones escritas en primera persona son un género literario. Se entiende que una canción cantada en primera persona tiene la cualidad transitiva del trasplante de la primera persona. Una canción escrita en segunda persona puede ser transparente o enigmática, pero la transfusión de un texto escrito en primera persona es más transportable.

En este disco, como anteriormente había hecho junto a Ariel Rot o el Cuino Scornik,  vuelves a firmar algunos temas formando  una dupla compositiva junto a Germán Wiedemer, que además ha escrito arreglos y lleva varios años siendo el pianista de su banda. ¿Cómo ha sido componer junto a Germán?

Resultó muy bien. Nunca habíamos intentado resolver un repertorio desde el principio. Nos complementamos con la letra y la música. Partiendo de textos que enviaba por correo recién escritos. Acompañamos el disco hasta el final. Confié en Germán para cuestiones musicales de importancia, y compartimos los créditos. El disco es nuestro y de Gustavo [Gustavo Borner, productor]. Aunque ya abandonamos el barco.

 Bajo el pseudónimo de DJ Loto Volador, está haciendo radio diaria de calidad (in crescendo, si me permite como habitual oyente) comentando y pinchando música en una radio independiente argentina con su programa La Hora de los Magos. ¿Está disfrutando su faceta de hombre de radio?

La radio me gusta. Más que la televisión. Hablar en un micrófono me resulta familiar, soy un cantante de laboratorio y de micrófonos. Hago programas musicales con un sistema que me permite hacer radio sin moverme de casa o viajando por el mundo. Lo estoy disfrutando aunque, al no ser un programa emitido en estricto directo, me pierdo el feedback con los oyentes. No sé si son veinte o veinte mil personas escuchando.

Además de su actividad radiofónica, también prepara una revista, Nervio, un libro de fotografía taurina y nuevas grabaciones. ¿Cuántas horas tiene el día de Andrés Calamaro?

Pocas horas… Necesito horas para despertarme del todo y más horas para lograr dormirme. Tampoco es tan intensa mi actividad, son proyectos que intentamos concluir, mientras tanto progresan. Prefiero si me queda tiempo para cocinar todos los días.

En los últimos años se aficionó al boxeo, que es un deporte de apreciación (cuando los dos boxeadores terminan en pie son los jueces los que valoran y determinan la suerte del ganador en función de la defensa, el ataque, la técnica y la ciencia). También, en cierto modo, los toros son un arte de apreciación. ¿La suerte o el éxito de un disco o de una carrera musical qué lo marca?

El éxito de un disco es algo que se presenta confuso según un cambio de paradigmas culturales y comunicacionales. Un cambio bastante violento pero irrenunciable. Supongo que en los próximos días voy a recibir conclusiones urgentes, que en los próximos meses voy a leer críticas y comentarios, y en los próximos años estas canciones van a ser parte del repertorio de giras imaginarias. Es complicado medir el impacto de un disco en pocos días y sin apenas ventas de discos.

¿Cómo mira al futuro Andrés Calamaro?

Con un solo paracaídas.

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