“El publico” La poesía prohibida de Lorca

Álex Rigola imagina como serían los sueños prohibidos de Lorca a través de su obra más compleja y surrealista, utilizando un texto poético para embarcarse en el viaje de descubrir las pulsiones sexuales y los miedos más profundos del poeta. El escenario, con una excelente iluminacion de Carlos Marquerie, da la sensación de entrar en un mundo mágico e irreal, los pensamientos más profundos y secretos de Lorca, el viaje será un misterio al universo onírico de García Lorca.

Lorca vivía conectado profundamente a su ser sexual, tanto por sus pulsiones connaturales como por un contexto social que maldecía y condenaba su orientación sexual: la homosexualidad. En “El Público”, el poeta más universal, se desnuda y muestra las batallas que tiene que vivir constantemente, se desnuda y muestra su fragilidad, en definitiva, se desnuda para buscar aquello que es verdadero.

La búsqueda de lo verdadero funciona como línea argumental que conecta con la cuestión de si hacer un teatro condescendiente con el público y que lo haga sentir cómodo, o un teatro que vaya al encuentro de lo que es necesario decir, un teatro que entre en las tinieblas y profundidades, que vaya en busca de lo verdadero y lo muestre, para ser honesto con uno mismo y útil al mundo en el que vive. En este sentido Lorca se posiciona sin titubeos, como siempre hizo en su vida, “He empezado a escribir una cosa de teatro que puede ser interesante. Hay que pensar en el teatro del porvenir. Todo lo que existe hoy en España está muerto. O se cambia el teatro de raíz o se acaba para siempre. No hay otra solución”

“El Público” de Rigola va al encuentro de la belleza, juega con ella, juega a la poesía en escena y eso es arriesgadamente maravilloso, es un placer para el público la lucha por la belleza que existe en escena, y a pesar de ser una obligación para el artista, hacerlo con un texto tan complejo es una locura, y sin embargo Rigola se tira por el precipicio, arriesga y eso es el arte, ir al precipicio y hacer el amor.

Teatro contemporáneo, fragmentado, poético, sin una línea narrativa evidente, teatro para ser visto desde diferentes prigmas, donde el espectador es un sujeto vivo, un ser al que se respeta y se le pide que entre en conmunicación con la obra de arte, teatro exigente. Gran actuación de un equipo de actores jóvenes y entregados, con especial atención a Laila Durán, cuyos movimientos te embaucarán, te seducirán, te conectarán con la mitología y con lo fantasmagórico. Excelente su trabajo corporal, demostrando que el movimiento y la acción ayudan y dan altura y potencia las palabras.

Y la resistencia. Si “el direstor de escena tiene que morir”, si un nuevo público a de nacer y te posicionas en la búsqueda de un teatro honesto que interpele al publico, llegarán tiempos de resistencia, llegará el frío, pero… “el invierno no es más que un estado dramático”

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